Presman: “Instrucciones para no sucumbir al nombre de Palmira”

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

Groucho Marx.

 

Una siesta de enero de 2012, un amigo fino, elegante, buen mozo, y sobre todo seductor, sube al ómnibus en la localidad de La Cumbre. Relojea a los pasajeros de abordo y descubre gratamente una joven, bella, interesante, pelo largo castaño y ojos de ámbar miel profundo.

Mi amigo no duda, recorre el pasillo y con su mejor sonrisa al llegar a la muchacha que ocupa el asiento al lado de la ventanilla, le pregunta: ¿puedo acompañarla?

Ella responde: será un placer.

Inmediatamente, la pregunta de rigor: ¿Cuál es su nombre?

Ella: Palmira.

Él: Hermoso nombre Palmira, acota, con su mejor sonrisa seductora.

El ómnibus no ha recorrido trecientos metros cuando ella cae profundamente dormida en el hombro de mi amigo.

Él reflexiona: Esta es la mía…

Pero, verano, ventanilla cerrada, treinta y nueve grados a la sombra, la joven en cuestión, pelo largo, comienza a transpirar profusa y pegajosamente. Primero la cabeza, luego el cuello y obviamente también las axilas.

Un suave aroma, ácido pero penetrante, invade a nuestra probable pareja y mi amigo, a los cuarenta minutos del viaje, soporta: la tortícolis por la inmovilidad para que ella no se despierte, el aroma del sudor, y la herida cortante en el hombro que le provoca el aro de ella.

En la inconsciencia del sueño, Palmira,que se supo luego venía de Capilla del Monte de escalar el Uritorco, suavemente se saca ambos borceguíes de cuero, mezclando así el aroma ácido de la transpiración con el olor dulzón avinagrado de ambos pies. Cuadro odorífero que viene a completarse con otro aroma (recordemos que era la siesta postprandial de verano), este último acompañado de sonidos extraños pero reconocibles, que evidencian un origen profundamente digestivo. A la hora y media, mi amigo ya ha desistido de la idea de seducirla y piensa seriamente en cómo salvar su vida.

El cuadro se complica cuando Palmira, profundamente dormida, comienza a roncar, pero de todos los tipos de ronquidos que describe la medicina, ella es portadora del tipo espasmódico. Para ejemplificar: oink… pifff, oink… pifff, oink… pifff.

Cabe agregar que el suspiro final se acompaña, como no puede ser de otra manera, de un aroma claramente identificable a repollitos de Bruselas con ajo, bien regados con vino tinto y el dulzón del Fernet con coca.

Mi amigo, el ex galán, ya se ha acostumbrado a la mezcla de hedores y a la parálisis del brazo por la posición, pero, lejos de poder dormirse, sospecha que en cada ronquido Palmira puede morir autoasfixiada, en apnea, en su hombro.

En uno de esos episodios de parálisis respiratoria, a la altura de Cosquín, nuestro hombre gira bruscamente el cuerpo y en actitud de salvataje comienza la respiración boca a boca (a pesar del aroma a repollito de Bruselas con ajo y alcoholes). ¡Para qué! Tremenda maniobra provoca en Palmira una náusea incontenible de previsible final, que ella acompaña de cachetadas al grito de: ¡degenerado, violador, perverso!,seguido de golpes de borceguíes, puñetazos del resto de los pasajeros (casualmente integrantes del seleccionado cordobés de rugby) y cachiporrazos de madera del conductor del ómnibus. Termina en una celda de la comisaría de Bialet Massé, donde aún se encuentra procesado por acoso sexual.

Moraleja: no salga jamás con una mujer que se llame Palmira…

 

PD: texto para utilizar en la técnica del stand up.

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