Extinción (Carlos Vera)

Prehistoria. Última juntada de los dinosaurios. Todas las especies han sido invitadas de urgencia a un asadazo en el quincho del Brontosaurio. El Branquiosaurio busca al Tiranosaurio Rex en su moto choppera con side-car modelo Triásica 1600 a.C. En el camino el Rex comenta que entre sus muelas lleva ochenta tetras entre tinto, rosado y blanco. De porqué los lleva ahí, explica que al ir a comprarlos al quiosco del cavernícola de su barrio, este le quiso cobrar más caro, provocando su enojo y su mordiscón que arrasó con todo el bolichón. —“¡A la mierda!”— esbozó el Branquio. En el quincho fueron recibidos por el Bronto. Ya estaban todos. El Triceratops entonces tomó la palabra y explicó que el azadazo era para debatir la noticia, que había escuchado en la radio, de que un meteorito vendría hacia la Tierra y los reventaría a todos. Los comentarios no se hicieron esperar; —“Debe ser invento para que votemos autoridades antes” —“Si la radio tiene pilas viejas, entonces la noticia es vieja” —“Mi suegra vino de vacaciones, así que ojalá el meteorito llegue pronto” —“Como la televisión no se inventó, yo no pude ver nada”. Para cambiar el clima armageddonista, el Pterodáctilo preguntó qué se estaba asando. El Bronto le dijo que había un Plesiosaurio a las brasas. —“¡Mi Plesioooosooo!”. Un pedradón en la cabeza le avisó que se dejara de hacer el Gollum de El Señor de los Anillos y fuera a poner la mesozoica porque el asado ya estaba. Como no había soda ni lechuga, le pidieron al Velociraptor que corriera a la despensa y los trajera. —“Ya volví, acá está todo”. Un “¡A la mierda!” se escuchó de fondo. El Alosauro avisa que invitó unos amigos para alegrar la fiesta. —“Buenas, soy el Homo Sapiens” —“…Homo Erectus”. Al avivarse de porqué lo llamaban “Erectus” le alcanzaron un toallón para que se tapara la zona del cuerpo ya mencionada. —“¡Hola dinos hermosos!”. Este invitado los dejó como cavernícola con Tablet. Al ser consultado, el Alosauro respondió que ese era el Homo Sexual. Todos accedieron para que se quedara, total, se venía el meteorito… —“¡Soy el Neardhental!” —gritó en tono seco el recién llegado haciéndoles fruncir el ano. El Gliptodonte, presumiendo de su sabiduría, explicó que Neardhental significaba “el que estudia los hilos dentales”. El grito del Bronto lo sacó del nivel científico que habían alcanzado: “¡El Plesiosaurio está listo! ¡A comerlaaaaa!”. Bastó un bocado para apreciar lo riquísimo que estaba y pedir un aplauso para el Plesiosaureador. —“¡Ahora habla el Neardhental!” —dijo en tono seco él mismo, volviéndoseles a fruncir a todos. —“Como sabrán, ustedes son llamados ‘dinosaurios’ porque son un género de reptiles a veces de tamaño gigantesco, que tienen cuello largo, cola robusta, extremidades posteriores y nada de cerebro, que existen desde el período Triásico, pasando por el Jurásico y llegando al presente, el Cretácico…” —“¡Fantástico!” —alguien pidió que no se le interrumpiera al doctor. — “… como decía el Triceratops, efectivamente un meteorito caerá en estos lugares para el exterminio de los aquí presentes, los cuales volverán a encontrarse en recintos que llamarán ‘museos’, cuando científicos e investigadores del futuro en sus excavaciones con palas, o sea, paleontólogos, los descubran”. El Gliptodonte ilustró una reseña de la película Jurassic Park II en donde hizo de extra, haciendo hincapié en la escena donde científicos descubren huesos y utilizan cepillos para limpiarlos. El Iguanodonte, muy nervioso, comentó que él es muy cosquilloso, y que cuando sienta el cepilleo, se cagará de risahasta morir. Alguien le apuntó que ya iba a estar muerto. —“Ah, jeje… mirá vos…”. —“¡Qué dinos divinos!”, exclamación que efectivamente era del Homo Sexual. El Branquiosaurio anotició que el hielo para el vino se había acabado. Le pidieron al Velociraptor que corriera hasta el otro barrio porque allá ya estaban en la Era de Hielo y trajera dos bolsas de cubitos. —“Ya fui, aquí están”, contestó el loco. Otro “a la mierda” se escuchó del fondo. Un dinosaurio colado en el asado, sin nombre porque aún no lo habían descubierto, había traído de regalo pinturas rupestres, obras maestras del cavernícola Picasso Sapiens, “dinosaurio” del Cubismo pictórico. El Plesiosaurio, desde la parrilla, pidió un fuerte aplauso para el concubino. —“¡Cubismo!” —le corrigieron. —“¡Eso!” —gritó, siempre desde la parrilla. El Brontosaurio preguntó si alguien había visto la ensalada. El Branquiosaurio, mientras masticaba un repollo, contestó que él se la había comido porque no era carnívoro como el resto. Después de ochenta insultos para su mamá, le pidió al Velociraptor que… —“ya fui y volví. Acá está la cebolla, la lechuga, el repollo y el tomate”. Un vigésimo “a la mierda” se escuchó de fondo. Le solicitaron al Homo Sapiens que haga un comentario sobre el tema del día. —“Cómo no” —parafraseó— “La caída del meteorito provocará la extinción”. Después de veinte minutos de absoluto silencio, y al darse cuenta de que eso sería toda su verborragia, no lo jodieron nunca más. —“¡Divinos! ¡Divinos todos!”. Nadie dijo nada, ya sabían quién era. —“¡Gajagaja jerjete yajará!”. Una garganta exclamó: “¡Queloqueeeeeeee!”. El Alosauro pidió disculpas, aclarando que ese era el Eslabón Perdido y solo emitía gruñidos. —“¡Guajahuaja mmnnmm bshabosha!”. Preguntaron qué había emitido el Eslabón ahora. —“Fue el Pterodáctilo… ¡tragá antes de hablar, maleducado!”. El Velociraptor, chupadazo, eructó que no solo quería ser extinto, sino también exblanco y exrosado, todos juntos, para ser recordado como especie alcoholicávora por excelencia. El Tiranosaurio propuso un brindis deseando que en el futuro vuelvan a encontrarse en los museos, esqueléticamente hablando. Y agregó que con los años venideros no aparezca un dinosaurio rosa que baile y cante por televisión. El Triceratops pidió que otra vez se llenaran las copas porque creía que esa sería la última curda. —“¿Por qué dice eso licenciado Tricera?” —“Porque aquí se viene el meteorito” —“¡Qué hermosa bola de fuego! ¡Divina!” —“¡Aaaaghhh trabacadabra dungadunga!” (Traducción del Eslabón Perdido: “¡callate trolo!”) —“¡Guarda que ahí vieneeee!” —“Si el vino viene, viene la vida, si el vino viene, viene…” ¡¡BOOOOOOOOMMMM!! —“¡A LA MIERDAAAAAAA!”.

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