Mayra Sanchez: “Perdón ¿Sabe dónde?

  • No tener marido, novio, saliente y/o poniente tiene varias desventajas. Muchos se ocupan de recordármelas con el dedito levantado sobre la frente y sin ningún tipo de piedad, cuando me salen unos granos en la pera o cuando me pongo de mal humor.“Sos una malco, sos una malco” me gritan al pasar. Siempre me siento tentada a corregir. No soy malco. O sola, o bien cogida, pero malco no. Claro que he estado malco pero no lo soy.¿Ser o estar? Ésa es la cuestión. Podría sugerir a esos gritones que usen el prefijo de negación pero a-cogida ya se usa para otra cosa y solo generaría confusiones. Toleraré las calumnias hasta que resuelva qué mote sería el mejor o hasta que encuentre alguien para meter en la catrera. No me malinterpreten. Claro que me preocupa no tener sexo, pero tengo que confesar que también me tranquiliza percibir algunas ventajas en no encontrar un tipo con el cual tener que compartir algunas situaciones. Por ejemplo, perderme en un paseo.

    Ayer, sin ir más lejos, compartía el auto con otra mina y llegamos a una rotonda donde no había carteles de indicaciones y no sabíamos cuál de las salidas debíamos tomar.Mientras desaceleraba pensaba: “¿por qué será que a la mayoría de los hombres que conozco les cuesta tanto preguntar?” Empiezan con cantinelas como “pará que ya me ubiqué, pará que ya me sé” mientras ladean el cogote pendularmente, de izquierda a derecha y viceversa. Desorientados pasan por quinta vez por el mismo lugar. A esta altura de la tecnificación ya no tengo dudas: los GPS son un reforzador positivo de autoestima masculina.

    Agradecí a los dioses que en el auto sólo viajáramos mujeres. Bajé a preguntar sin sentir que nada importante se pusiera en juego. Delante del lugar en el que estacionamos había un camión con cámara de frío, de esas de reparto que tienen los frigoríficos. Caminé hacia él, se abrió la puerta de atrás y aparecieron dos señores de indudable linaje galés, espaldas gigantes y brazos fuertes. Estimo que tenían varios años menos que yo pero un par de años más que mi ex marido. Hago la aclaración para que no crean que de vieja me puse verde. Siempre lo fui. Cada uno llevaba una media res en el hombro, ensuciando los uniformes blancos.

    Yo sonreí y ellos devolvieron la mueca. Yo pregunté y ellos contestaron. Yo di media vuelta y me fui, por respeto a mi madre que esperaba en el auto, sin mirar para atrás, sabiendo que me arrepentiría la vida entera de no haberme metido en el camión citando a la Coca Sarli al grito de “¿qué pretende usted de mí?”

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