Caca (María Magela Demarco)

Él- ¿Te puedo pedir un favor? ¿Podés dejar de enseñarle a Toto que diga “caca” cada vez que pasamos por McDonald’s?
Ella- No. Así se va formando una opinión desde chico de lo que es esa porquería, y para los siete ya va a ser un militante anti cajita feliz y barriga podrida.
Él- ¿Y te pensás que para que no coma esas hamburguesas alcanza con eso?
Ella- No sé, decime vos. El otro día tu vieja le compró una de esas cajas de mierda y Toto se la revoleó por la cabeza, con juguetito incluido.
Él- De eso te quería hablar…
Ella- El juguetito tampoco se lo dejo usar porque tiene componentes cancerígenos, está probado.
Él- Noo, te quería hablar de mi vieja. No puede ser que Toto no quiera besarla cada vez que ella viene a verlo.
Ella- No la besa cuando ella viene a verlo simplemente: ¡porque ella no viene a verlo! Lo tenemos que llevar nosotros a su casa para que lo vea.
Él- Sí, pero la otra vez cuando nos bajó a abrir y lo quiso besar, el otro la esquivó y salió corriendo como un loco mientras gritaba “abuela caca”, “abuela caca”…
Ella- Y qué querés, no tengo la culpa de que tu vieja viva al entre medio de un McDonald’s y un kiosco que tiene el logo de Coca Cola, justo las únicas dos cosas que Toto tiene asociadas con la palabra “caca”. Y sorry, pero es bastante simbólico. Tu vieja vive entre la mierda, entremezclada, casi, casi que se confunde…
Él- No, si vos estás ensañada con mamá desde que la conociste.
Ella- ¿Yo ensañada? Si mal no recuerdo, ¿no fue ella la que me dijo el día que me la presentaste que vos habías bajado de categoría en la elección de tus parejas?
Él- Uh, ¿todavía te acordás de eso? Qué rencorosa sos…
Ella- ¿Yo rencorosa? ¡Para nada! Simplemente te recuerdo la clase de persona que es tu vieja.
Él- ¿Pero cuánto tiempo hace de eso?
Ella- Esperá que sigo, porque vos para todo lo que tiene que ver con tu mamita tenés Alzheimer. Cuando nos comprometimos, se la pasó llorando lágrimas de cocodrilo –qué digo de cocodrilo, ¡de hiena!–, y le anduvo diciendo a ¡mis amigas!, que ese era uno de los días más tristes de su vida.
Él- ¡Que querés!, pobre vieja, se le casaba su único hijo.
Ella- Y cuando se enteró la fecha de nuestra boda, la muy yegua la tachó con una cruz en el almanaque de la cocina, y puso: “San Benito, si me concedés lo que te pido te lo chupo todito”. Aparte de yegua, está con una necesidad de que la atiendan terrible.
Él- Noo, vos estás inventando…
Ella- Andá a la cocina y fijate, está debajo del calendario de este año. Se ve que a Benito no le habrá gustado como la chupa tu vieja…
Él- ¡Qué decís! No me metas imágenes desagradables en la cabeza…
Ella- ¡Yo no soy!, ella anda escribiendo esas cosas, está limada. Además, ¿qué clase de abuela es que reniega de su título? “No me llames abuela, llamame Sofi”, ¡por favor! Se cree que porque se hizo las tetas y se dio una estirada en la jeta la gente la va a confundir con una adolescente…
Él- Bueno, cada uno lleva el tema de la edad como puede. Hay que ver cómo nos pega a nosotros…
Ella- No sé, yo espero envejecer con dignidad sin darme esas biabas violentas.
Él- Che, ¿y qué pasó el otro día que mamá me llamó llorando, diciendo que Toto le había dicho “viejota miserable” en medio de la calle?
Ella- No me hagas acordar, que cada vez que pienso que a tu vieja me la voy a tener que fumar de por vida, me la quiero cortar con una galletita. ¡Qué karma, por Diosss! Estaban volviendo de la heladería y un nene de la calle le pidió una moneda. “Salí de acá, roñoso”, le dijo ella. Entonces Toto se sacó la campera, se la regaló al nene y…
Él- ¿La campera que le había regalado mamá?
Ella- Sí, ese abrigo de mierda con la bandera yanqui. Parece que tu vieja todavía no se enteró que vive en Argentina…
Él- Pero era una campera abrigada, ¡de buena calidad!
Ella- Sí, la que vino de mala calidad y fallada de origen es tu vieja. ¡Cómo le va a decir eso al nenito que pide en la calle! Me la paso enseñándole a Toto que tiene que ser buena persona y compartir, ¿y viene el sorete de tu vieja y tira esa frase?! No, ¡si es para matarla!
Él- Eh, pará, te estás yendo al carajo, ¡tratá a mi mamá con un poco de respeto!
Ella- ¡¿Yo me voy al carajo?! ¿¿Me lo decís en serio??
Él- Sí, tratala mejor, ¡tené un poco de código! ¡Cuidá las formas, por lo menos!
Ella- ¿¿Qué yo cuide las formas decís?? ¡¿Qué yo tenga códigos?! Mirá, no te lo quería decir, pero vos y tu negación patológica a querer ver lo que es tu vieja ya, a esta altura, me hincharon los huevos.
Ella lo mira fijo, con cierta saña, disfrutando el tan ansiado y postergado momento…
Ella- ¿Sabés que tu querida mamita me pidió el teléfono de tu amigo Facundo? ¿¿Y sabés para qué lo llamó?? Preguntale a Facundo a ver qué te dice… Ahh, no, cierto que Facu se alejó de repente. Así como también de repente te enteraste que anda en un auto nuevo, que empilcha como los dioses, y que está teniendo un nivel de vida de que a todos los del grupo les llamó mucho la atención. Listo, ¡te lo dije! Noo, si tu mamá sí que sabe cuidar los códigos y las formas.
Él se pone blanco. La mira sin saber qué decir por unos largos segundos, luego se recompone, e insiste: “Igual, decí la verdad… Vos lo manijeás a Toto para que la llame “caca” a mi vieja…”

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