Ni la Sombra de Gray (Cristina Bertone)

La semana pasada, recibí una llamada desde la redacción de la revista donde mensualmente escribo artículos sobre temas de actualidad o personas que están en boga. Dichos artículos  están realizados basado en un análisis frío, preciso y exquisito, producto de una investigación profunda y seria como es mi estilo. Siempre utilizando cómo método la empatía. Ellos me dijeron.

-Licenciada, necesitamos para la próxima edición una crítica sobre el libro “Las Cincuenta Sombras de Grey”.

Si bien, había leído la saga, sentí que no era lo suficiente como para un trabajo impecable como  es mi estilo, por lo que decidí pedirle a Roberto, mi esposo, si me ayudaba en una experiencia sado-masoquista. Me sorprendió su entusiasmo… al principio, después entendí porque.

-Mira Mimí, si a mí me toca la parte del sádico cero problema-  dijo el muy guanaco con mirada irónica. No había alternativa conociendo el libro, obvio, accedí.

Lo primero que hice, fue irme de compras a un Sex-shop. Todo lo que vi daba para escribir otro artículo. También aquello me llevó a reflexionar mi vida sexual con Roberto. Un asco, aburridísima. Traté de consolarme que quizás no era tan mala ya que llevábamos veinticinco años juntos o que gracias a la acostumbrada pose del misionero había logrado descubrir la mancha de humedad del techo producto de la cañería rota que baja del tanque, Pero tampoco era consuelo. Le pedí ayuda al vendedor, previo explicarle que debía escribir sobre el tema, a lo cual el agrego:

-Si si, acá dicen todos lo mismo, lleve lo que necesite y no explique tanto que a mí no me interesa.

Obviamente que cuando me presente y le dije mi nombre me reconoció inmediatamente debido a mi gran fama y ya más relajado, me dio todo lo que necesitaba.

Experiencia día 1: Propuse a Roberto, cambiarnos en habitaciones separadas para crear una expectativa y eso a su vez nos llevara a una excitación desenfrenada.

“Esto seguramente avivará la llama”-pensé.

Me recosté en la cama, bajé la intensidad de la luz y me quede expectante, ansiosa de verlo entrar.

Era una morsa envuelta en látex, encima se había dejado las medias y los zapatos. Como se había quitado los lentes y no veía nada prendió la luz. No había forma de calentarse con eso. El también, al verme cómo estaba vestida comenzó a reírse tanto, que se le cayó la dentadura. Día uno, fracaso total.

Experiencia día 2: tratamos de no reírnos tanto y continuar con el juego sado-masoquista. Le pedí a Roberto que me esposara a la cama, tomó su pequeño látigo y comenzó con una pequeña caricia, suave digamos, cuando intento hacerlo por segunda vez nos dimos cuenta que no habíamos cerrado la puerta y Boby saltó sobre él a defenderme. Amo a mi doverman, es un divino y mientras estaba enfrascada en pensamientos amorosos hacia mi perro guardián me di cuenta que éste no paraba de atacar a Roberto, que a su vez no paraba de gritarme pidiéndome ayuda,

-Como mierda querés que te ayude Roberto no ves que estoy esposada-le grité.

Gracias a Dios escucho los gritos Mirta, mi vecina, que llamó a su marido que tenía más fuerza y pudieron quitar al perro de encima de Roberto. Que ya no lo estaba mordiendo sino que se le había prendido de la pierna. El único excitado era el perro. Luego me sacaron las esposas. Una vez que había terminado la crisis vi la forma en que empezaron a mirarnos ante la situación y las vestiduras. Traté de explicarle que era un experimento para un artículo de la revista.

-Si si claro Mimí, todos dicen lo mismo- dijo Mirta. No  dije nada más porque nos habían salvado. A los diez minutos me entro un mensajito diciendo.

“Mimí, por favor si eso te resulta préstame los trajes. Mirta”

Experiencia día 3: Roberto tuvo que cambiar de disfraz, ya que el traje le apretaba demasiado y le hacía doler los puntos de las suturas en las heridas causadas por Boby, así que optó por un traje de Tarzán. En realidad se parecía más al gorila de Tarzan pero con zunga, entre los pelos del pecho y los de la espalda mas esa panza no daba lugar a la imaginación. Lo peor es que comenzó con su tarea de azotarme pero esta vez lo hizo sin asco, intuyo que adivino mis pensamientos. Esto a mí ya me dolía y para nada me causaba placer pero note que  el sí lo estaba gozando, aunque viendo su falta de erección no era el placer que precisamente necesitábamos experimentar, lo cual no me dejo otra alternativa y grité muy fuerte.

-Boby atak!

Al día después del alta de Roberto, me dediqué a escribir el artículo, no fue tan preciso como yo hubiese querido, pero me ayudo a saber que no solo el sexo puede dar vida a un matrimonio. La risa también. Luego tomé mi celular.

“Mirta, pasa a buscar los trajes, no sé si vas a tener sexo desenfrenado, pero te aseguro que te vas a cagar de risa. Mimí”

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