El aloe vera… ¿también es afrodisíaco?

Cuando Casanova comía aloe vera, todos sus sirvientes apoyaban la espalda contra la pared.

Antes de que se descubriera que el cannabis sirve para algo más que para reírse como pavo, el aloe vera era la planta medicinal que poseía mayor cantidad de propiedades curativas. Ya sea para calmar el dolor de juanete o para cortar la culebrilla, su uso es aceptado por homeópatas, alópatas y psicópatas.

Desde tiempos inmemoriales, se ha echado mano al aloe vera para el tratamiento de diversas afecciones. Se dice que Cleopatra recurría a esta planta para enjuagarse el pelo después de bañarse con leche. Y también existe una leyenda sobre que a Napoleón se la habían recomendado para hacer crecer su estatura, pero evidentemente este arbusto no produce ese tipo de efectos.

Sin embargo, estudios recientes mencionan a Giacomo Casanova como un consumidor compulsivo de aloe vera, ya que lo comía en escabeche, a las brasas o como milanesa. En un trabajo interdisciplinario de historiadores, sexólogos y farmacéuticos (léase, una partusa), se descubrió que, a todo lo ya conocido de esta planta, habría que agregarle que es un afrodisíaco natural. De hecho, se sabe que luego de una picadita de aloe con maní y nueces, Casanova atendió a 342 amantes en una sola noche, récord sólo superado por Julio Iglesias algunos siglos después.

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